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Coches voladores

¿Un coche volando? Pues sí.

Alguien ha pensado que era posible, se ha cargado el paradigma de que los coches sólo sirven para andar por carreteras y caminos, y a la vez el de que los aviones sólo sirven para volar.

coche volador con las alas plegadas

Una de mis colegas de Ecademy, anunciaba hoy en Plaxo la noticia del lanzamiento del primer coche volador. Si quieres conocer más sobre esta innovación, visita esta dirección: http://bit.ly/277op7

En pleno despegue

La verdad es que dan ganas de comprarse uno y saltarse los atascos volando.

“No puedo creer que esto me esté pasando”

Estaba leyendo hace un rato un newsletter de Matt Furey (http://psycho-cybernetics.com/) al que estoy suscrito y en el que habla de una vieja parábola relacionada con los tiempo actuales. En ella se cuenta que cada mañana cuando una gacela se despierta en África sabe que o corre más deprisa que el más rápido de los leones, o será cazada. Y también cada mañana, cuando un león se despierta en África, sabe que o corre más deprisa que la más lenta de las gacelas o se morirá de hambre. No importa si eres gacela o león, la moraleja es la misma: cuando te levantes cada mañana lo mejor será que te pongas a correr.

En definitiva, sigue diciendo Furey, en el día a día, y más aún en tiempos difíciles, los que sobreviven tienen un discurso mental diferente de los que no lo hacen. Una de las formas en la que funcionan los que no sobreviven es diciéndose a si mismos, “no puedo creer que esto me esté pasando”, “no puedo creer lo que ha ocurrido”, “no puedo superar esto”.

Y lo malo es que tal y como decía Henry Ford, “si crees que puedes tienes razón, y si crees que no puedes también tienen razón”.

Lo importante no es si puedes o no, sino lo que tu crees. Porque actuarás en base a ello.

Creer que puedes o creer que no puedes es en definitiva una creencia, una parte de nuestro paradigma. Y cada uno tiene sus paradigmas.

Nuestros paradigmas están construidos a base de creencias. Son como las gafas a través de las cuales miramos la realidad.

La realidad es la que es, y nuestros paradigmas nos hacen verla de una u otra manera.

La buena noticia es que las creencias, los paradigmas son modificables. Eso si, siempre que tu quieras. O que la realidad, de forma a veces brutal, te lo demuestre.

Los que no pueden creer lo que les pasa, lo que no pueden creer lo ocurrido, simplemente niegan la evidencia, no la aceptan, y por tanto no actúan en consecuencia. Prefieren lamentarse. Es más cómodo. Eso si, esta decisión es a menudo una decisión inconsciente.

En cambio, ¿qué se dicen a si mismo los que si sobreviven? ¿Cuál es su discurso mental?

Lo primero es que si creen lo que les ocurre. Viven la misma realidad, pero en general no usan el “no puedo” en sus discursos. Aceptan los retos, la realidad, y no se plantean si lo ocurrido es o no es posible.

Se plantean en cambio la pregunta de los emprendedores, de lo innovadores:

¿CÓMO PUEDO HACER PARA …?

¿Cómo voy a hacer para superar esto?, ¿Cómo voy a cambiar lo que me está pasando?

Los que sobreviven asumen su responsabilidad a la hora de buscar la solución que necesitan.

En su discurso no se cuestionan si pueden o no. Eso lo tienen claro.

Saben que pueden aunque aún no sepan cómo. Es su creencia. “Yo puedo”. Eso les permite centrarse en el cómo. “Puedo“, “podemos“.

Estas son afirmaciones muy poderosas. Puedo es lo mismo que ejerzo mi poder.

Curiosamente en castellano, el verbo y el sustantivo se escriben igual. Los que sobreviven conjugan su poder, como sustantivo y como verbo.

Lo que necesitan entonces es averiguar el CÓMO.

El cómo implica una pregunta abierta que genera posibilidades. Implica ver más allá de lo que les dice el sentido común. El que ve posibilidades, genera nuevas realidades. Y eso lo hace porque cree que puede. No duda de lo que le está pasando. Lo acepta, y busca cómo solucionarlo.

La próxima vez que etiquetes lo que te pasa con un “no puedo ….”, o con un “es imposible …”, te invito a traducirlo por un “no sé cómo”, o incluso por un “no me atrevo“. Incluso en este caso, aunque suene mal, estarás más cerca que antes de llegar al “no sé cómo“.

Al principio da vértigo. Da verdadero miedo. “¿Y si no lo consigo?”. Sin embargo a medida que empieces a practicarlo, y ver que lo consigues, porque en el fondo tenemos mucho más poder del que nos creemos, irás ganando confianza en ti mism@. Y así a fuerza de repetición, el “no puedo” irá desapareciendo de tu discurso mental por falta de uso.

O dicho de forma más científica, las sinapsis que antes se establecían en tu cerebro para emitir el no puedo dejarán de activarse, ya que ahora activarás otras que te llevan al “yo puedo, aunque no sepa cómo“.

Como dice Richard Bandler, uno de los padres de la PNL, cambiarás tus “brain juices”, tus jugos cerebrales. Los neurotransmisores que segregarás en esas sinapsis serán diferentes.

Y así, te encontrarás a las puertas de buscar los “y como no sé cómo, voy a averiguarlo”.

Recuerda, no importa si eres león o gacela, simplemente corre para encontrar los cómos.

¿No puedes o no quieres? ¿o no sabes cómo?

En el día a día no paramos de escuchar a la gente diciendo, “no puedo”, “no se puede”, “no es posible”.

Hasta aquí, nos parece normal. Es algo habitual, algo a lo que ya estamos acostumbrados, y que por desgracia, incluso nos creemos.

Para mí esas expresiones son en general escudos con los que protegernos de hacer afirmaciones más directas y que son más coherentes con lo que pensamos o sentimos: “no quiero”, “no me da la gana”, “no me apetece”, “no sé cómo”, “no me atrevo”.

En la vida en general no tiene mayor importancia, pero en el mundo empresarial, las personas que se protegen con el “no puedo” o el “no se puede” se desempoderan.

Y además sin darse cuenta, están juzgando sus posibilidades futuras desde un presente en el que pareciera que conocen todo lo que puede ocurrir en un futuro. Como si tuviesen ya conocimiento de hasta donde pueden llegar.

En mi opinión este vicio se inicia en la infancia cuando los padres se pasan el día diciéndonos, “Juanito, no puedes coger el vaso”, “Pepito, no puedes subirte ahí”, “Josito no puedes jugar con eso”.

Y sin embargo Juanito, Pepito y Josito, no sólo saben que pueden hacerlo, sino que en muchas ocasiones lo hacen, para cabreo de sus padres.

Y claro, a base de escuchar el susodicho mensaje limitante, y de recibir cachetes por no hacerles caso cuando ese mensaje les llega, terminan creyéndose que efectivamente no pueden. Y se convierte en sinónimo de no me dejan, no debo, no quieren.

¿Y qué pasa, que no debería decirle a mis hijos que no pueden hacer x o y?

Si claro que puedes, y de hecho lo haces, pero a mi entender, no debes. Y no debes, no debemos, para que nuestros hijos no crezcan capados de poder.

Porque poder es un verbo, y también un sustantivo que necesitamos conjugar para desplegar todo nuestro potencial.

Por eso creo que es mucho mejor decirles la verdad: “no quiero que hagas eso”, “no debes hacer eso”, “no me da la gana que hagas esto”, o “no te dejo que hagas tal o cual cosa”, pero que sobre todo seamos coherentes con nuestros pensamientos y emociones, y servirles así de modelos sanos.

Mi sugerencia para los que ya hemos crecido: cuando te pilles a ti mismo pensando o diciendo, “no puedo”, tradúcelo por “no sé cómo”, y ponte a buscar la manera de conseguirlo, o por un “no me apetece”, o “no quiero”, pero no te engañes, que en más de una ocasión te vendrá bien ser sincero con tus posibilidades, y si no te has entrenado en buscar los “CÓMO puedo hacer para”, tu futuro se verá muy limitado.

Y si eres responsable de un equipo de gente en la empresa, no uses, ni dejes usar a tu equipo los “no sé puede”. No te lo creas.

Mi conclusión: decir “no sé puede” es de cobardes, y decir, “no sé cómo”, cuando sea el caso, es de valientes. Y digo esto porque decir no sé como exige mucho coraje en el mundo corporativo en el que reconocerlo parece que te quitara puntos. Sin embargo, reconocerlo y actuar en consecuencia, te abre la posibilidad de aprenderlo, o de buscar a alguien que lo sepa, pero sobre todo, de descubrir nuevas posibilidades hacia el futuro.

Ya lo dijo Cuatro este verano, y fijaos, Campeones de Europa.

¡¡¡ Podemos, podemos, … !!!

inKNOWabitlity, inKNOWation, inKNOWator

KNOW, KNOW, KNOW, ¿qué pinta know en tus palabros?

Cuando empecé a concebir cómo iba a trasladar al mercado mis años de experiencia innovando en el entorno ingenieril, me dí cuenta de que, al igual que nos ocurre con otras muchas cosas, lo que quería hacer era sistematizar un conocimiento innato e inconsciente que había estado utilizando cada vez que desafía los límites de lo establecido, cada vez que desafiaba el status quo de lo que me rodeaba.

Y a partir de ahí pensé que en realidad la innovación tiene mucho que ver con lo que conoces aunque no sea de manera consciente, y con lo que aprendes según te atreves a ir probando, y que a su vez se va convirtiendo en conocimiento, a la vez que en experiencia.

Y jugando con los conceptos llegue a este palabro, inknowation, que ahora define mi empresa, mi manera de entender la innovación, y en general, todo lo que tiene que ver con utilizar tu conocimiento (previo, o recién creado), en el desafío de los limites.

inknowation, entiendo, o quiero entender, luego inknowo.